dimecres, 24 d’octubre del 2012

Reflexions




Hola a Todos:

Soy Montse Agustí. Una amiga mia que ha padecido cancer de mama ha escrito una carta muy bonita que me gustaria compartir con vosotros y, en especial, con las mujeres del grupo para poder valorar más la situación que padecen estas mujeres y coger con más ganas, si cabe, la cursa de la Dona.

Como yo no se si puedo publicar un artículo en el blog, me gustaria que se publicase en mi nombre, me hace mucha ilusión compartirlo.

¡¡¡Muchas gracias por adelantado!!!

UN ABRAZO



Montse


CARTA A MI ENEMIGO

“Distinguido” enemigo:

Ante todo trataré de guardar las formas, por más hijo de la gran … Bretaña que seas. No entraba en mis planes dirigirme a ti, por aquello de que no hay más desprecio que no hacer aprecio, pero he querido tomarme este gesto como un ejercicio de exorcismo y también por si mi experiencia pueda servirles a otras personas.

No, no te equivoques, no soy una ingenua que piense que por haberte ganado la batalla se cree que ha ganado ya la guerra. Sé bien cómo te las gastas. Me has arrebatado a cuatro familiares muy cercanos y queridos. Y también ha coincidido en el tiempo que mientras andabas pretendiéndome, has tenido la poca vergüenza de tirarle los tejos a una prima mía, de mi misma edad. Por lo visto te has encaprichado de nosotros, así que siempre he sido consciente de que en cualquier momento podrías desplegar tus ínfulas de galán conmigo. No fue una gran sorpresa escuchar de labios del médico en Patología de la Mama el resultado de la biopsia, el 18 de julio de 2.011, que arrojó con el rostro serio para comunicarme que tenía un carcinoma ductal infiltrante. Si bien es cierto que no te esperaba tan pronto, y el hecho de saber que podías andar tras mis pasos y aparecer no impidió el momentáneo e inevitable mazazo. Pero déjame decirte que lo nuestro es un amor imposible; convéncete.

Sí, ya sé, tú dirás que yo te buscaba y que desde los 34 años me hacía las pruebas cada año para ver si tú aparecías en mi vida, pero me temo que confundiste mis señales, porque mi única intención, conociéndote, era estar ojo avizor si tal hecho se presentaba para darte una patada en los mismísimos… glúteos, cuanto antes.

Bien te pusieron el apellido, Sr. Maligno. Te gusta trabajar en las sombras, sin dar la cara y por eso decidiste ser un tumor no palpable. Así que te imagino ahí chiquito, agazapado y riéndote a mandíbula batiente cuando en la consulta de aquel ginecólogo, en junio de 2.009, oíste que se negó en rotundo a programarme la mamografía para el año siguiente, y ante mi insistencia, al comentarle de mis antecedentes familiares, me respondía una y otra vez: «No, no, a tu edad no puedes hacértelas cada año, son radiaciones, la próxima para junio del 2.012». No sabes las veces, desde que supe de tu existencia, que me he acordado de ese médico… de su santa madre y de toda su familia.

Debí insistir en hacerme esas pruebas con otro doctor, como venía haciéndolo cada año, y/o denunciarlo al inspector médico. Jamás debemos saltarnos un control, aunque solo sea preventivo y nos encontremos como una rosa, porque a ti, maldito, te satisface estar al acecho para aprovechar el menor descuido.

Así, con el campo libre, creciste a tus anchas ante mi ignorancia hasta alcanzar casi los cinco centímetros y lograste rozar con uno de tus oscuros tentáculos mi axila. Pero un buen día, en la primavera del 2.011, la casualidad, si es que existe tal cosa, o la providencia, quiso que advirtiera tu sombra; tu mala sombra y me dañé la zona al apoyar un marco que tenía la pretensión de restaurar. Y ahí me puse a buscarte de nuevo.

«Tienes muchísimas posibilidades de curarte». Eso también lo oirías, ¿no? Imagino que esta vez no te hizo maldita la gracia. Mi oncólogo era enérgico y muy preparado. «Eres joven y fuerte, así que le vamos a dar con todo. Ocho sesiones de quimio para reducirlo, cirugía, treinta y cinco sesiones de radio y cinco años de hormonoterapia». ¡Bien! ¡Eso, vamos a darle con todo a ese bastardo! ¿Cuándo empezamos? Lo malo es que yo estaba en el medio, haciendo de pimpampum, recibiendo algún que otro pelotazo.

Pese a los consejos médicos, fue inevitable que corriera a san Google para buscar información, una vez te presentaste cortésmente con toda la retahíla de nombres y apellidos de rancio abolengo, para intentar averiguar en profundidad quién eras y, sobre todo, encontrarme con la experiencia de otras mujeres que se hubieran librado de tu asedio antes; lo dejé justo a tiempo de sacarme un Master. Consideré que le estaba dedicando demasiado tiempo de mi vida a un bicho feo y perverso como tú.

De la experiencia de algunas de tus víctimas más veteranas aprendí que no eras un mal tipo cualquiera, un “mindundi”, y que muchas de las damas que mejores resultados conquistaron y llevaban ya largos años libres de tener que volver a ver tu horrible rostro, se habían defendido desde tres frentes: cuerpo, mente y espíritu, porque para expulsarte y derrotarte hay que ponerlo todo. Atrincherada desde esas tres torres me dispuse a luchar, siendo consciente de que ya no permitiría darme el lujo de bajar la guardia, jamás.

Lo mismo me sucedió cuando lo contaba a mis conocidos con toda naturalidad. Las conversaciones acababan girando entorno a ti, casi siempre. Como amante posesivo que eres todo lo quieres abarcar, pero yo estoy lejos de ser sumisa. Así que, solo por ese motivo, se lo comuniqué a un reducido grupo de amigos de Internet. Me negaba a cederte más espacios de mi vida que los estrictamente necesarios, me negué a que lo fiscalizases todo; mi vida es mía y mis blogs han sido uno de mis más queridos y benéficos oasis de “normalidad”.

No puedo faltar a la verdad y decir que ha sido un paseo, ni que no haya pasado miedo, pero no has llegado a aterrarme ni a paralizarme. También me he permitido mis lágrimas, mis momentos bajos, que los guardo para mí. Eso sí, cada vez que eso ha sucedido he decidido que fuera por corto espacio de tiempo, para aligerar el alma, y una vez llorada… a seguir con la batalla y con Mi Vida. Pero han sido más los momentos en los que he reído y disfrutado, quizá porque desde el cielo tuvieron a bien enviarme un ángel llamado Joel, en forma de sobrino en medio de mi segunda sesión de quimio, que ha sido uno de mis mayores pilares, junto al resto de mi familia y amigos. Y no contentos, por lo visto me he portado muy requetebién, mi hija me anunció que a finales de septiembre iba a ser abuela a mis 46 años de otro ángel al que llamarían Nil.

He leído a algunos de tus Combatientes Pelones darte las gracias. Yo no sé si puedo llegar a tanto, en la lucha he perdido algunas cosas, el pelo, las cejas, las pestañas, casi las uñas de mis pies…Pero he ganado otras: lo cierto es que ya sabía que era fuerte; pero ahora lo soy más. Ya sabía que lo mejor de la vida está en las cosas sencillas; pero ahora lo he comprobado de verdad. Ya sabía que hay muchas personas que dicen querernos, adorarnos, pero que cuando vienen mal dadas desaparecen o no acuden, aunque una nunca les haya fallado; pero ahora sé que afortunadamente han sido tres gatos y quienes son. Ya sabía que la vida es frágil y que como dice mi amiga del alma, nadie tiene atornillado aquí el asiento; pero ahora he tomado verdadera conciencia de cuán sutil es el velo que separa la vida del más allá. He ganado paz interior. Y por eso saboreo cada momento más y mejor y no me voy a permitir perder el tiempo deprimiéndome por tonterías… ¡Ah! Y también te debo un escote de infarto, ¡qué caray! Bueno, sobre todo al cirujano plástico que buscó la simetría entre mis dos amigas: «Se operan las dos con patrón de reducción y push up. Entra dentro del lote», fue su respuesta ante mi pregunta si se iba a notar mucho la diferencia.

Desde el principio he tenido el convencimiento de que esta batalla —y espero que la guerra—la ganaba yo, con la ayuda de los profesionales de la salud, para los que tengo un agradecimiento infinito, por su buen hacer, pero también por su extraordinaria humanidad, por la cual no reciben ningún plus en su mermada nómina. Sí, desde el principio me visualizaba haciendo una muesca en mi Colt, tras descalabrarte.

“Se puede, se puede, se puede…” ha sido el mantra que repetí hasta el 7 de agosto de 2.012, día en el que recibí exultante mi última sesión de radio. Ha sido una lucha dura y larga, poco más de un año, y, no, no te daré las gracias por acosarme e irrumpir en mi vida pero, aun a riesgo de que suene contradictorio, de esta etapa he salido reforzada, más segura, feliz y agradecida con la vida.

En los momentos de búsqueda de información en Internet leí algo que te dijo Lance Armstrong cuando se enteró de que el Cáncer le había invadido varios órganos, me gustó tanto que lo he hecho mi lema en muchas ocasiones desde entonces, va a modo de despedida: “Te has equivocado de cuerpo. Mi cuerpo es mío”. Espero haberte echado para siempre.